Diario de Carrera #24 – II Trail Ribeira Sacra

Entrada #24

II Trail Ribeira Sacra

(A. Javier “Safobo”)

O de cómo todo lo que pudo ir mal fue peor.

Como es habitual en los diarios de carrera los Rannass valoramos los trails y la experiencia vivida alrededor de ellos. Pero en este lo que valoraré será a ese pequeño grupo que hemos formado y que tiene el poder de convertir las situaciones más desfavorables posible en algo tremendamente positivo.

Me remonto a la tarde del 30 de septiembre. El plan inicial era viajar en dos coches hasta Ourense (Nelk y Frank en uno, Kathy, Bowman y yo en otro), aprovechar para dar una vuelta por allí y a última hora acercarse hasta Luíntra a recoger los dorsales y acudir a una charla técnica que tenían programada para las 20:30 horas los chicos de la organización muy cerca de la plaza en donde se daría la salida al II Trail Ribeira Sacra el día siguiente. Como nunca habíamos ido a ninguna sentíamos curiosidad por ello y no queríamos dejar escapar la ocasión.

Los dos primeros cumplieron y a eso de las 18 llegaban a la ciudad de As Burgas. Nosotros tres por contra sufrimos tal retraso para salir que no sólo esfumamos la posibilidad de tomar algo allí con ellos sino que peligraba y mucho el llegar a tiempo a la citada charla. Por mensaje avisamos a los chicos que el nuevo lugar de reunión sería al lado del restaurante Olegario.

David puso a prueba el motor de su deportivo y lo exprimió como nunca para poder… pasarse de largo y no llegar a tiempo. Íbamos en hora pero el GPS nos volvió locos y en los últimos kilómetros nos jugó una mala pasada. Nos metimos una ida frenética al final para nada. Y en la terraza de un bar nos estaban esperando tranquilamente Frank y Nelk, ajenos a todo el estrés vivido, con un par de cervezas por barba en el estómago y otra más en proceso. No les importó en absoluto haberse perdido la charla y nos recibieron con los brazos abiertos.

Se nos echó la noche encima y decidimos ir a cenar a la Romántica en Ourense, no sin antes parar a hacer los ‘check-in’ en nuestros respectivos hoteles. Decidimos ir primero hasta Bentraces, donde Kathy y Bowman habían reservado habitación en el Pazo de esa localidad. Y nos volvimos a perder, otra vez… Cogimos mal un desvío y dimos una vuelta del copón que nos hizo andar con prisas de nuevo. Sin apenas tiempo para disfrutar de la maravilla que era aquel sitio iluminado en la oscuridad de la noche pusimos rumbo a Ourense para que yo pudiera hacer la entrada en el mío. En un periquete estaba saliendo por la puerta con todo listo para poder ir a cenar. Nelk y Frank ya llevaban un rato esperándonos por el centro y nos citamos en la puerta de entrada del restaurante. Para nuestro asombro, una vez allí, la cola más larga que jamás recordamos para entrar a cenar a un sitio. Nos pusimos los últimos pero a los pocos minutos y tras comprobar que no avanzaba nada desistimos y nos fuimos. No nos salía ni una a derechas. Por desgracia la noche aún no había acabado…

– “¡Pizzaaaa! – gritamos de broma todos al ver un Domino’s cercano. Era tarde, estábamos cansados de tanto ajetreo, nos miramos los unos a los otros… y nos metimos hasta la cocina. Fue lo mejor del día, cenando entre risas y compartiendo charlas sobre mil cosas (para qué os voy a engañar, todas sobre carreras y trails). Llenamos nuestros hambrientos estómagos de hidratos de carbono y cuando no pudimos comer más levantamos el campamento.

Despedida hasta el día siguiente y cada uno hacia sus coches. Enseguida vino la guinda del pastel. Recorridas unas cuantas calles de la ciudad ourensana, en una cuesta arriba se para el motor del coche marronero de David. En un principio se pensó que era la batería pero sospeché por el ruido que se trataba de la bomba de gasolina. Punto que confirmamos cuando media hora después aparece el hombre de la grúa y nos da la triste noticia de que el Peugeot no volverá a arrancar en ese estado. Nelk y Frank estaban llegando ya a Nogueira de Ramuín cuando los llamamos y no les íbamos a hacer dar la vuelta. Yokasti y David tuvieron que coger un taxi hasta Bentraces y a mí me acercó el hombre de la grúa, quien tenía unos temas de conversación bastante peculiares, hasta cerca de mi hotel pues le quedaba de camino a la base, cosa que agradecí al cielo.

Era tarde cuando todos estábamos por fin en nuestros alojamientos, muy tarde. Por teléfono intentamos diseñar un plan de emergencia para que nadie se perdiera el trail pese a la falta de transporte. Enseguida pensamos en Silvia y Martín, que saldrían de Vigo por la mañana. El caso es que dada la hora que era no respondieron a nuestros mensajes. Con suerte se levantarían con suficiente tiempo para leerlos, o eso quisimos creer… Había que encomendarse a todos los santos.

Y los santos tampoco escucharon. Después de una noche para olvidar (creo que sólo durmió bien la pareja de Bentraces) por la mañana temprano me llama David y me da la mala noticia que al final no irá a la carrera porque no da tiempo a que les vayan a buscar, que aprovecharán la mañana en el pazo y que luego marcharán para Coruña con el taxi del seguro. Nos podremos perder una charla, nos quedaremos sin sitio en un restaurante, nos dejará el coche tirados… pero que él no pudiese hacer lo principal por lo que allí estábamos me amargó sobremanera. Resignado lo acepté.

Silvia me avisa que vienen a por mí a toda leche con Martín al volante (les quedo más o menos de camino), que esté preparado y así hago. Pero el GPS vuelve a entrar en acción y los despista unos valiosos minutos. Ellos aún no tienen dorsal y lo peor, el de Silvia se lo habíamos recogido la tarde anterior y lo tenía Bowman en su coche. Hay que ingeniárselas al llegar allí ¡y no queda tiempo! Me subo a su coche casi sin parar y salimos pitando hacia Luíntra. Con el GPS de mi móvil, algo más colaborativo, le voy cantando las curvas a Martín como si un tramo de rally se tratase. Llegamos justísimos. Demasiado porque Martín sí consigue su dorsal pero Silvia no puede tomar la salida con el resto porque le están gestionando el suyo. Rezagada y con bastante tiempo perdido comienza una épica remontada que la llevaría al segundo puesto del cajón en categoría femenina. Sin palabras.

¿Sobre el trail? Sólo diré que fue una experiencia totalmente única, tanto por recorrido como por vistas, que volveré sin dudarlo el año que viene y que os invito a todos a que lo hagáis para descubrirlo. No os arrepentiréis. Y si por casualidad nos encontramos os prometo no pasaros el gafe 😉

Una vez terminada la carrera pareció como si hubiese pulsado el botón reset de los problemas y empezó todo a coger otro color. David y Kathy avisan que quieren venir a vernos. Encantado de la vida y aún con la ropa de faena puesta cojo el coche de Silvia y voy a buscarlos. En nada estamos de vuelta para poder comer todos juntos con los demás traileros. Menuda fiesta había organizada con un Depa incansable de fondo que no dejaba de anunciar cada llegada de los corredores. El día acompañaba y con tanto sol hasta hubo que ponerse a la sombra pero hasta en eso pensaron y nos obsequiaron con unos sombreros muy chulos que Frank utilizó para hacer gala de sus mejores dotes de gentleman.

Comimos lo que quisimos, asistimos a la entrega de trofeos, aplaudimos a Silvia a rabiar, nos sacamos unas fotos muy originales en un photocall que había al lado de la fuente de la plaza y cuando llegó el momento decidimos ir a pasar lo que quedaba de la tarde visitando algunos miradores de los Cañones del Sil. Las vistas espectaculares, la compañía más.

La última parada del día fue, valga la redundancia, en el Parador de Santo Estevo por donde habíamos pasado corriendo por la mañana y lugar del tercer avituallamiento. Disfrutamos del atardecer con aquella cálida brisa que discurría a través de los árboles, algunos chicos incluso comieron castañas y cuando la cosa no dio más de sí decidimos recogernos y volver a Luíntra donde ya estaba casi todo recogido.

Llega la noche y la despedida como de costumbre tiene un sabor agridulce. Sabemos que pronto nos volveremos a ver pero siempre cuesta despegarse y más después de, pese a todos los problemas, haber pasado una mañana fenomenal y una tarde superagradable todos juntos.

Quiero daros las gracias chic@s. Gracias a todos y cada uno de vosotros. Por haberle puesto “al mal tiempo buena cara”, por no haberse dejado llevar ni un momento por lo negativo de las cosas. Por haber sabido afrontar los contratiempos y juntos haberle dado la vuelta a la tortilla. Frank, Nelk, Silvia, Martín, Kathy, David mil gracias de corazón. Hacéis más grande Rannass & Chuvoners si cabe.

¡¡¡Hasta el año que viene Ribeira Sacra!!!

 

 

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