Diario de Carrera #32 – I Trail San Silvestre Minas San Finx

Entrada #32

I Trail San Silvestre Minas San Finx – Lousame

(Por Martín “Hammer”)

En la víspera del último día del año debuté en materia ‘trail’ con la San Silvestre Lousame – Minas de San Finx. Safobo me había lanzado esta propuesta y aprovechando que las características de la prueba y la fecha eran adecuadas recogí el guante y me inscribí en esta competición.

Dos eran mis mayores más que preocupaciones, inquietudes, sobre la carrera antes de la realización de la misma, una poder caer (y hacerme daño) y la otra perderme. La realmente relevante era la primera, más que nada por lo que pudiera afectarme posteriormente en el día a día. Si me perdía malo sería que más pronto o más tarde no me terminaran encontrando, si me caía y me hiciese daño, posiblemente eso me pudiera dejar lesionado durante una buena temporada, con consecuencias negativas en todos los sentidos. El móvil y el frontal, obligatorios para la participación, no terminaron afortunadamente siendo necesarios.

El día de la carrera fue una jornada de tregua en lo climatológico (el temporal había quedado aparcado). Los astros se alinearon para poder correr en un día 30 de diciembre en Galicia con una temperatura muy agradable y sólo cayeron unas cuantas gotas en el transcurso de la prueba.

El agua, sin embargo, estuvo muy presente durante el recorrido, no en vano el Concello de Lousame es el más lluvioso de la provincia de A Coruña. El terreno se encontraba húmedo y en ocasiones resbaladizo. Tuvimos que esquivar charcos e inevitablemente en otras ocasiones atravesar pequeños riachuelos que nos cruzamos a nuestro paso.

Estábamos ante un recorrido lineal, poco habitual en las carreras en las que participé hasta el momento. Tras recoger el dorsal en el Polideportivo Municipal (donde estaba situada la meta) nos trasladaron en bus hasta el punto de salida, el poblado de las Minas de San Finx, una localización con mucha historia.

Prospecciones realizadas en la zona se concretaron a finales del siglo XIX en concesiones mineras para la extracción de estaño. Aunque fue con la 2ª Guerra Mundial cuando estas minas se convirtieron en el motor económico de la comarca, en este caso con la explotación del wolframio. Este metal incrementaba el potencial de las armas bélicas y se hizo muy codiciado por los contendientes en la guerra.

Desde los años 80 no hay extracciones en las Minas de San Finx pero se ha recuperado este emplazamiento rehabilitando construcciones y creando un Museo y Centro de Interpretación. Tras una pequeña visita de rigor a las instalaciones y un ligero calentamiento llegó el momento de darle un buen ‘masaje’ a las piernas.

El arranque de la prueba fue pintoresco. No empezamos a correr después de oír un ‘pistoletazo’ sino que lo hicimos tras los cascos de un caballo gobernado por un joven. Se pretendía homenajear de esta manera a la figura de Teodomiro Hidalgo Iglesias, conocido como Don Teo, que fue médico del pueblo durante más de 40 años y que utilizaba un caballo para desplazarse por las distintas aldeas de las tierras lousamianas.

Los primeros kilómetros fueron de toma de contacto. Acostumbrado a los asfaltos coruñeses la irregularidad del terreno me jugó alguna mala pasada en el tobillo derecho pero en el fragor de la batalla no supuso un contratiempo de importancia.

El perfil de la prueba mostraba un tramo fundamental de subida, se encontraba entre el kilómetro 2 y el 5. De partida el planteamiento debía ser que cuando el terreno se empinaba había que dejar de correr y seguir caminando. Cuando alcancé rampas con porcentajes superiores al 20% de desnivel no quedó más remedio que hacerlo de esta manera. Aún así pude adelantar a varios corredores durante la ascensión.

Pasado el kilómetro 4 nos cruzamos con una ‘simpática’ chica que cuando enfilábamos otro tramo duro de subida nos exigía un esfuerzo mayor que el que nuestras piernas nos podían dar.

Con la zona de los riñones castigada por tanta subida alcancé el Alto da Aguieira donde pude disfrutar (el poco tiempo que pude separar la vista del suelo) de unas magníficas vistas a la ría de Muros e Noia.

Después llegó el momento de un vertiginoso descenso en el que tuve que poner los cinco sentidos. Aún así el sentir que perdía el control de la situación me hizo tener que reducir la marcha y ver incluso como me superaban corredores a los que había dejado atrás en la subida.

Sin solución de continuidad alcancé más allá del kilómetro 6 el primer punto de avituallamiento, sorprendente avituallamiento que contaba no sólo con bebida o fruta, sino también con frutos secos, queso… y hasta donuts. Si no fuera porque estábamos ahí para correr me hubiera quedado un rato. Aún así después de picar algo aún me cogí medio donut para el camino (y con el que por poco me atraganto).

Atravesamos a mitad de carrera Lesende. Ahí se formó un grupo de unas 8 o 10 unidades que corrió bastante compacto durante varios kilómetros. En los pocos pueblos que atravesamos encontramos muy poca población, reflejo de la zona rural en la que nos movíamos.

El discurrir de la competición nos llevó paralelos al río Vilacoba durante un buen tramo. Este entorno me recordó a ‘nuestras’ Fragas do Eume. Aquí nos encontramos con algunas zonas bastante resbaladizas que me exigieron la máxima concentración. El ritmo de los corredores que llevaba por delante me puso al límite, obligándome a sacar lo mejor de mí para no quedarme descolgado.

Así llegamos al segundo avituallamiento (km.12). De nuevo bebida y comida para reponer todo lo que habíamos consumido hasta ese momento. Sin embargo, con la meta a pocos kilómetros y con un nivel de exigencia alto por parte de ‘mis rivales directos’ hice una parada corta, bebida y poco más para tratar de perder el menor tiempo posible.

Los últimos kilómetros fueron de supervivencia. Me costó un poco recuperar el ritmo tras la breve parada y vi que poco a poco se alejaban mis referencias de los últimos kilómetros. No era un terreno desfavorable pero las piernas empezaban a pesar. Cada vez costaba más reemprender el trote después de cada subida (aunque los desniveles no fueran comparables a los del inicio de la carrera).

En el tramo final el objetivo fue superar a una chica que vestía la camiseta de la San Silvestre de A Coruña el día antes de la celebración de la misma. Logré finalmente sobrepasarla y llegar en solitario a meta. El televisivo Terio Carrera, que ejercía de speaker, me presentó en mi llegada. La prueba había sido superada.

Safobo también me esperaba en meta y juntos disfrutamos de un completo avituallamiento. La ducha posterior a pesar de ser en agua fría me sentó fenomenal. Tras presenciar la entrega de premios a los ganadores recogimos los bártulos y emprendimos la vuelta a casa.

Genial experiencia. Habrá que volver a ‘trailear’ otro día. ¡Muchas gracias Safobo!


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