Diario de Carrera #34 – Trail de San Isidro

Entrada #34

Trail de San Isidro

(A. Javier “Safobo”)

Domingo 12 de febrero de 2017. Cruzo la meta del I Trail da filloa en Zas ayudado de un robusto palo a modo de bastón, con el tobillo muy hinchado y un dolor que apenas me deja caminar. En ese instante era sabedor que me perdería el próximo evento al que tenía programado ir: el trail de San Isidro, que se celebraba el finde siguiente. Fueron tres largas semanas parado pero mientras me recuperaba me hice la firme promesa que para el año siguiente iría a Pobra do Caramiñal sí o sí. Un año llevé esa espinita clavada, hasta este pasado domingo.

Recojo a Jorge, super puntual, a las 8:30h enfrente al instituto Monte das Moas y nos ponemos rumbo al Barbanza. El día está amaneciendo despejado y todo apunta a que disfrutaremos de una soleada jornada. Vemos a bastantes ciclistas madrugadores que aprovechan para sacarle todo el partido a la misma.

El viaje como no podía ser de otra manera sirve para hacer ejercicios de lengua. No paramos de darle a la sin hueso hasta que llegamos con bastante tiempo de sobra a Posmarcos.

Tras recoger el dorsal y firmar la hoja de responsabilidad, cada vez más habitual en estas carreras, entramos en el bar para ir al baño y tomarnos un café con tranquilidad. Saludos con alguna gente conocida y los Chuvoners que avisan están de camino. Hasta ellos llegarán con tiempo por una vez y así lo hacen, por lo menos con el suficiente para recoger sus dorsales y situarse en la línea de salida con el resto de participantes.

Después de un pequeño calentamiento y próximos al arco de salida Jorge me dice que se va para atrás, pues viene del duatlón de Vedra del día anterior y se lo quiere tomar con calma. Yo, a pesar de un catarro que me tiene las narices taponadas y moqueando cada dos por tres, me posiciono en la parte delantera y espero impaciente que den inicio a la carrera. ¡Empezamos!

Inicio rápido en asfalto durante medio kilómetro hasta que toca sumergir los pies en la Corredoira das Prejuntas. Me acuerdo del río gélido de Matallana de Torío y hasta se me antoja templada el agua que inunda nuestras zapatillas. Seguimos por bonitos y divertidos senderos.

De repente Martins me adelanta por la derecha. Se despide de mí y toma una curva ayudándose de un árbol… ¡va por el aire! Observo como poco a poco con su zancada y braceo alegre me va dejando atrás y me concentro en mantener el ritmo alto que llevo. Ritmo que no durará mucho pues a partir de Pumadiño es todo para arriba.

Después de una parte por la ribera del Lérez en la que sorteamos troncos y rocas, atravesamos por debajo a Ponte das Taras y un poco más adelante comienza la subida. Una subida con diferentes zonas de dificultad, que se va incrementando con el paso de los kilómetros.

Sobre el 5,5km oigo una voz inconfundible detrás: “¡Lo que me ha costado pillarte!”-dice Silvia. Me alegro muchísimo de tenerla a mi lado una vez más y la animo en lo que es la parte más dura de la ascensión. Se toma su tiempo para adelantarme pero antes de arrivar al Alto do Salgueiro ya me ha dejado atrás. Está en un estado de forma óptimo y sus últimas victorias no han sido casualidad.

En el 6,5km me paro a beber un poco en el único avituallamiento que hay y me adelanta la segunda chica. Silvia le lleva el suficiente margen para estar seguro que, si todo va bien, volverá a ganar. Más adelante un voluntario (de los muchos que nos hemos encontrado por todo el recorrido) nos advierte que empieza la bajada técnica, en la que nuevamente compruebo lo mal que hago los descensos y me adelantan bastantes corredores. Me da la sensación de ir lentísimo y me enfado conmigo mismo. Tengo que entrenar mucho más este aspecto.

Un tramo de ligera subida sorteando rocas y grandes piedras en las que recupero un poco la dignidad para nuevamente perderla toda en la segunda gran bajada. Me arrancan las pegatinas por todos lados. Intento dejar a un lado la frustración y respirar hondo para afrontar la siguiente parte que me es más favorable.

Subida hasta O Pousadoiro y un hombre nos indica que a partir de ahí tenemos “una autopista” o lo que es lo mismo, una bajada por una ancha pista con poco desnivel en el que llevar una velocidad endiablada. Y así hago. Largas y poderosas zancadas que me permiten volver a sonreír.

Pasado el kilómetro 10 nos encontramos de repente la última gran subida que hacemos casi gateando por una zona arbolada super empinada. Sobra decir que la ayuda que proporciona apoyarse en los troncos de los árboles se convierte en imprescindible.

Una fotito que nos sacan en el Rego do Salgueiro y la meta está próxima. Empieza la bajada por asfalto y noto como el corredor que llevaba detrás comienza a esprintar. He perdido tantas posiciones que por orgullo me niego a perder una más y acepto el reto. Echo el resto y llego por delante en un sprint super rápido como no recordaba. Me saludo deportivamente con el chico y me voy junto con Martín y Silvia (primera, como imaginaba) a esperar por Jorge y el resto de Chuvoners.

Tras una ducha fría pero reparadora nos reunimos todos para el post-carrera: churrascada en Ribeira y paseo de sobremesa por Corrubedo.

Todavía con el buen sabor de boca, del trail y de la comida, miro al próximo sábado. Castelo me espera.


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