Diario de Carrera #35 – Trail do Castelo

Entrada #35

Quiroga Trail Challenge – Castelo

(A. Javier “Safobo”)

Alegría enorme al ver el Megane negro de Nelk parado enfrente de mi portal. Hacía tiempo que no íbamos juntos a una carrera, demasiado. Deseaba que su lesión formase ya parte del pasado y que pudiese disfrutar a tope del trail que nos esperaba. Me saludo con él y el bueno de Bowman y ponemos rumbo a Quiroga.

El trayecto no tuvo mucha complicación, no hay mala carretera hasta allí y no se tarda tanto como se podría pensar. En julio del año pasado ya lo había hecho para ir al nocturno celebrado en el mismo sitio y las indicaciones me sonaban. Aunque eso no evitó que en una distracción nos saltásemos el desvío correcto e hiciésemos unos pocos kilómetros gratis…

Una vez llegamos y pese a lo despejado del día una sola palabra describía el escenario: frío. Menuda diferencia con Coruña… Suerte que los chicos fueron previsores y llevaron bastante abrigo. Aún así apuramos al máximo para recoger los dorsales y cambiarnos (Bowman lo hizo en el coche) en un bar donde nos tomamos algo Adri y yo antes de ir hacia la zona de salida.

Inicio con bengalas por cortesía del speaker Jabalí Dosacho cuyo humo casi me deja K.O. y primeros metros por asfalto. El frío corta y al poco no siento las manos. Lamento no haber ido un pelín más equipado pero no me queda otra que apretar los dientes e intentar entrar en calor lo antes posible.

Hasta un poco antes del km 2 el recorrido es exactamente el mismo que el de la Quiroga Night Trail, pasando por As Estradas y Caspedro, zonas con casitas de toda la vida y unas pequeñas pero empinadas pendientes que ayudan a despertar los gemelos.

Hasta el kilómetro 5 tira todo para arriba pasando por todo tipo de terrenos: pistas, senderos y monte puro. Mezclados los del minitrail y trail, estirados en fila de a uno. La subida tiene su recompensa en el punto más alto (Castro Mouro): el sol asomando a nuestra derecha y unas vistas panorámicas, con Quiroga pequeñito a nuestra izquierda, dignas de ser contempladas con detenimiento. Aunque el cuerpo pide continuar y empezamos una bajada no muy larga pero sí con sus partes técnicas que obligan a ir muy atento. El suelo es irregular y con ligera inclinación hacia el acantilado, lo que hace a los tobillos trabajar duro. Alguna zona es incluso tan delicada/peligrosa que hay que hacerla andando asegurándose bien de dónde pisar si no queremos caer metros abajo. Me fijo en una corredora que me había pasado hacía un rato y que ahora va bastante lenta, ha debido tener algún percance.

Una vez el terreno llanea un poco más vuelvo a coger velocidad. Voy por un sendero en el que veo una antiquísima edificación ya en ruinas y antes de llegar al km 7 observo el desvío hacia la derecha para los del minitrail, desvío que he de tomar atravesando un pequeño riachuelo. Consigo superarlo sin apenas mojar los pies ayudándome de unas rocas estratégicamente colocadas. Pese a que no llevo mucha distancia pienso en Nelk y Bowman y me alegro de no haber ido con ellos al trail, veo que me va a llegar con el mini.

Tras ello empiezo la segunda gran subida, dura y empinadísima por la zona de sombra de la montaña en la que pisamos hielo. Comparto algunas palabras de ánimo mutuo con un par de corredores a los que acabo por dejar atrás. Sigo comprobando que las subidas no son mi punto débil pero apenas puedo disfrutarlas pensando en que todo lo que sube tiene que bajar. Para mi sorpresa el descenso es suave y progresivo. Disfrutando entre árboles de hoja caduca y cogiendo alguna que otra pista llego sin darme cuenta al primer y único avituallamiento en el que no paro por llevar ya agua conmigo y no sentir la necesidad de comer nada. Poco después de dejarlo atrás paro y me echo a un lado para eliminar un poco de peso y afrontar cómodamente la tercera subida, lenta y exigente. En la cima hay tres gaiteiriños que me marcan el paso. Les aplaudo al llegar a su ubicación y respiro hondo. Última bajada.

Aquí se acabó la fiesta. Descenso con una primera parte bastante técnica que me saca los colores. Sufro un par de adelantamientos y por orgullo trato de minimizar pérdidas, aún así me noto lento y torpe. Pasado el 13 la pendiente no es tan exagerada y puedo volver a llevar una zancada digna. Mantengo la distancia con un corredor que va delante y con otro que llevo metros por detrás. Pronto la zona por la que vamos me resulta familiar. Se trata del mismo recorrido que hice en el trail nocturno en verano pero en sentido contrario. La memoria de elefante me permite recordar dónde apretar y dónde descansar un poco lo que me hace tener una ventaja estratégica clave para ganar unos cuantos puestos. En la vida pensé que me beneficiaría en una carrera por conocer el trazado.

En el kilómetro 15 enlazo de nuevo con el tramo que hicimos a la ida y me dejo llevar hasta la línea de meta en una última parte nuevamente por asfalto ¡Final! El objetivo era terminar sin percances por tener el viaje a Andorra esa misma noche y sobra decir que lo cumplí.

Espero a mis compañeros reponiendo energías y hablando largo y tendido con Maseda, forero de correrengalicia y un auténtico crack de las carreras. Cuando llegan Bowman primero y Nelk poco después estiramos un poquito y nos vamos a comer. Esta vez no nos podremos quedar por la tarde a dar una vuelta por la zona por tener diferentes compromisos pero sabemos que no será la última vez que pisemos aquellos caminos ¡Hasta pronto Quiroga!


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