Diario de Carrera #36 – IV Trail polas cabeceiras do Anllóns

Entrada #36

IV Trail polas cabeceiras do Anllóns

(A. Javier “Safobo”)

Domingo 4 de marzo de 2018. Las 9 y pico de la mañana y dejo el coche en el parking del IES Agra de Leborís. Tras unos pocos pasos, junto a un árbol, distingo un Clio azul. Son ellos. No hace ni diez meses que nos conocemos y ya hemos pasado tantos momentos juntos que me siento abrumado al pensarlo. La última aventura esa misma semana en Andorra, donde pudimos compartir desde un entreno de trail improvisado por una montaña nevada hasta horas y horas de “snow”. Los miro a ambos y los siento mi familia. Estar con ellos me produce una sensación de euforia y al mismo tiempo de calma que no soy capaz de explicar. Me hacen feliz y les debo tantísimo…

Abrazo a Martín y después a Silvia, que empiezan media hora antes que yo el trail largo al que les lié para que se apuntasen. Recojo mi dorsal y me quedo cerca del arco de Championchip para darles un último grito de ánimo en la salida a los Chuvoners. Martín sale el primero con una gran sonrisa en la cara, se le ve confiado y con energía a pesar de no haber parado en toda la semana e incluso haber jugado un partido la tarde anterior. Silvia, un poco más rezagada, oye mi “¡VAMOS!”. El tiempo sobrante hasta las 10 lo empleo como de costumbre en realizar un buen calentamiento para salir con fuerza desde el principio. Los trails cortos no perdonan que empieces frío.

Una vez se da la salida empezamos por asfalto a una velocidad endiablada (veo en el Garmin 3’50 el km y me asusto) que sé no durará mucho pero aprovecho para situarme bien en carrera. Tras el primer mil conectamos con el paseo fluvial del Anllóns, zona muy corrible y preciosa. La senda es estrecha y se va en fila de a uno pero sorteando algún árbol cabe la posibilidad de realizar adelantamientos. Mantengo un ritmo que no me asfixie en exceso porque sé que queda bastante.

A partir del km 2 es todo en ligera subida, senderos y pistas excelentemente balizados, como el resto del recorrido. Justo después del 3 un cruce con una carretera en el que hay voluntarios para que nada ocurra. La organización de 10 en todo momento, incluido este punto.

Pasado el 5 una recta en asfalto desde la que se ve lo que nos espera los próximos dos kms, un cortafuegos con muy mala pinta para mis piernas. Se pueden apreciar los destellos de los flashes de las cámaras que ya están fotografiando a los que van en cabeza. Respiro hondo y me preparo. Justo antes de empezar la cronoescalada pisamos terreno fangoso que añade un punto de dificultad extra. Subiremos el cortafuegos con las zapatillas encharcadas y llenas de barro.

Cuando el reloj pita marcando el km 6 estoy agarrado a unas cuerdas para superar la primera parte de la subida. Hay bastantes fotógrafos inmortalizando el momento pero no puedo pensar en otra cosa que en la tarea que me ocupa. -No es el kilómetro vertical del Xalo pero le llega.- pienso para mis adentros. Intento ser constante para no flaquear en ningún momento de la ascensión. Respirito en forma de llano antes de la última parte con otra buena pendiente en la que me permito el lujo de adelantar a un par de corredores justo antes de sobrepasar la alfombra que marca el fin de la cronoescalada y llegar al primer avituallamiento.

Bebo tranquilo y cojo aire. Me despido de las voluntarias y continúo en lo que será una parte muy larga y rápida que me llevará hasta pasado el segundo avituallamiento, en el que no paro. Instantes después oigo la voz de Martín a mis espaldas… ¡me ha cogido! Pensaba que sería capaz de acabar el trail corto sin que me pillase pero lleva un ritmo asombroso. Le pregunto de qué va y me dice que de segundo pero el que va a su lado también le está disputando la plaza. -Es mi amigo- me espeta. Sonrío y animo a ambos. Cuando empieza a escapárseme llevado por la emoción pego un sprint para volver a ponerme a su lado y darle todo el ánimo que puedo. Lo veo entero, anticipo que será un gran día. Poco a poco lo veo alejarse en lo que es la última subida dura para ambos trails.

Tras una pequeña bajada rápida volvemos a enlazar con las “cabeceiras do Anllóns”. Ya me queda poca gasolina pero llevo buen ritmo y lucho por mantenerlo hasta el final. Lo consigo. Justo antes de cruzar la meta Martín me jalea y me dice que no entre tan serio. La madre que lo parió… Una vez terminado me dirijo hasta el Clio, donde está reponiendo líquidos y lo felicito tras confirmarme que ha sido tercero. Ya sólo falta saber que Silvia ha vuelto a hacer de las suyas.

Después de la ducha, sentados en las gradas y con un plato de pasta en la mano la vemos llegar, primera una vez más. Cual es nuestra sorpresa que no sólo se llevarán cada uno su trofeo correspondiente por la carrera sino que repetirán posición en la cronoescalada. ¡¡Bravo por ellos!!

Después de la entrega de trofeos en la que ejerzo de improvisado fotógrafo y tras charlar con algún participante de la zona bajamos a Caión a comer. No podemos alargar la sobremesa todo lo que nos gustaría porque el deber (Chuva y Lavi) les llama. Otro buen domingo de carreras con amigos.

Inscribirme como Chuvoner en esta carrera fue un gesto, un gesto de agradecimiento sincero. Quería devolverles sólo un poquito de todo eso que me dan. Llevar la camiseta que Martín me había regalado en San Isidro fue todo un honor y, al contrario de lo que me decía él bromeando, no me pesó. Con ella puesta me sentí más grande, más rápido, más libre… Gracias por todo chicos. Nos vemos pronto.


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