Diario de Carrera #38 – Northwest Experience 2018

Entrada #38

Northwest Experience 2018

(A. Javier “Safobo”)

Una semana después de la Vig-Bay y vuelta a mi medio natural. El asfalto tiene su encanto pero necesitaba urgentemente una dosis de trail.

Después del madrugón y un buen desayuno salgo de casa a eso de las 7:30. Jorge acaba de llegar con el coche. No nos veíamos desde San Isidro y ya tenía ganas de volver a coincidir con él. El trayecto se pasa volando y llegamos antes de lo previsto. Nada más aparcar en la Avenida de la Paz justo enfrente al Mercado de Cariño (o lo que es lo mismo, a unos 100m del arco de salida) mi compañero se saluda con un amigo que venía justo delante y con el que a la postre compartiríamos el post-carrera. Más saludos con alguna gente del Hércules Termaria y a recoger los dorsales. Con mucha rapidez nos atienden y nos entregan las bolsas con el número, chip, calcetines conmemorativos, folleto informativo y algo valioso: tickets de consumición+pincho para 4 locales distintos de la zona. Una vez en posesión de nuestro pequeño botín volvemos al coche a prepararnos.

Calentamiento express por el paseo, donde Jorge casi pisa sin querer el dron que estaban preparando para grabarnos, y nos mandan por megafonía que nos situemos en la zona de salida. Allí asistimos a una charla informativa del recorrido a cargo de Yago Breijo, uno de los artífices de la Northwest, y unas palabras de agradecimiento del alcalde de Cariño que preceden al comienzo de la prueba. Empezamos.

Primeros metros en asfalto como es habitual pasando por delante de la oficina de turismo de la localidad y, subiendo una rampa al lado del Miradoiro do Castro que hace despertar a nuestros gemelos, recorremos un par de calles del pueblo. A la altura del cementerio abandonamos la Rúa do Campo y entramos en un sendero paralelo a la costa. Alcanzada Punta Gabeira empiezo a ver cómo Jorge me va dejando atrás. No intento alcanzarlo, al fin y al cabo él va al corto y yo al largo. Voy embobado con la cabeza ladeada mirando el paisaje. El mar está tranquilo y el sol que se empeña en aparecer entre las nubes le da a la ría un brillo especial.

Superado el km 3 pasamos al lado de la ermita de San Xiao de Trebo. Estamos ascendiendo progresivamente y no me noto muy religioso. Llevaba toda la semana sin gas y pese a la sesión reparadora de fisio del miércoles no me noto recuperado del todo. En una primera cuestecita empinada en cuyo final hay un voluntario y una pareja de la benemérita me doy cuenta que llevo los gemelos cargados y que va a ser difícil aguantar esos 1200+. A pesar de ello no me agobio y sigo.

Kilómetro 4 y a la altura del Miradoiro da Malveira torcemos hacia la izquierda y cogemos una pista bastante recta con ligera pendiente. Voy en un grupeto en el que nos adelantamos constantemente, mezclados aún gente del minitrail con los del trail. Tras una de esas bajadas en las que las piernas van solas volvemos a afrontar una nueva subida. Intento darle ritmo en una cuesta que en cualquier otra ocasión haría corriendo con facilidad, pero hoy no es el día… los músculos no quieren.

Alcanzamos el punto más alto en el kilómetro 7 y poco después está el primer avituallamiento en el que hay un grupo de músicos tocando tambores. Me paro y bebo tranquilo, acompañando unas sales. Ya tengo la decisión tomada en ese momento: no tiene sentido forzar el cuerpo y lo mejor que puedo hacer es coger el camino del minitrail cuando llegue al desvío. Con las cosas claras me relajo y disfruto de lo que queda de trail. Tampoco aumento mucho más el ritmo que llevaba ni me planteo alcanzar a Jorge, que me saludó desde lo alto en la subida. Se trata de terminar sin percances.

Me dejo llevar en la bajada y llego a una recta donde hay un voluntario sacando fotos. A ambos lados tiene los carteles con las flechas que separan el largo de la andaina y el minitrail. Me avisa al ver el color de mi dorsal pero le digo que voy por el del corto.

Continúo el descenso hasta aproximadamente el 10. Unos metros por la calle Cariño de Arriba y comienzo una última y pequeña subida antes de la larga bajada hasta Cariño. Una vez abajo y tras avanzar por un par de calles veo una señal que indica que restan 500 metros y llego a meta.

Jorge me mira ojiplático y le explico que no me encontraba con fuerzas para hacer los 25kms (que más tarde, gracias al ganador, supimos que fueron algo más de 27). Me dice que ha sido una decisión inteligente. Para ser sinceros nunca había recortado en un trail. Supongo que siempre hay una primera vez para todo, mi aprendizaje no ha ni mucho menos terminado.

Cogemos los bártulos y junto con Diego, el colega que había aparcado al lado, vamos a pie hasta el pabellón (a unos 800m. de meta) para ducharnos en agua caliente, todo un lujo. Por el camino me dejo comer la cabeza con carreras de orientación y otras cosas.

Ya de vuelta comemos y bebemos algo junto al arco de llegada mientras esperamos por la novia de Diego y una amiga que van a la andaina. Para mi sorpresa consultamos las clasificaciones y me han incluido en los resultados del corto, algo con lo que no contaba.

Hora del pincho y he de decir que me dejó alucinado el sistema de tickets de este trail. Daban derecho a una consumición y un pincho en 4 locales concertados. Una gran iniciativa para dar a conocer un poco más el lugar. Pronto se unen a nosotros Diego, Lucía y Susana, una chica muy simpática a la que no le gusta el pan con las sardinillas. Tras visitar el Beiramar y La Vinoteca disfrutamos del sol en una terraza en el Bitácora y finalizamos el “circuito” en el Australia. Momento de la despedida y cuando topas con gente tan maja cuesta hacerlo. Espero que volvamos a coincidir dentro de no mucho.

Volvemos para Coruña con el buen sabor de boca que nos ha dejado esta inmejorable primera edición de la Northwest Experience y toca descansar bien. CAMOVI me espera y no quiero que se vuelva a repetir lo de esta mañana. Una y no más 🙂


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