Diario de Carrera #43 – III Trail das Fragas do Eume

Entrada #43

III Trail das Fragas do Eume

(A. Javier “Safobo”)

Una moneda al aire lancé el año pasado pues tenía que afrontar una difícil decisión. Cara o cruz: Desafío Bomberos o Trail das Fragas do Eume. Finalmente opté por acudir con un buen grupo de rannass a la carrera de obstáculos celebrada en el Parque de Bens y no me arrepentí en absoluto pero me juré que, aunque para el año siguiente volviesen a cuadrar el mismo día, me decantaría por ir a las Fragas. Junio llegó y los dos eventos no coincidieron el mismo día pero sí el mismo fin de semana, la carrera de obstáculos el sábado 16 por la tarde y el trail el domingo 17 por la mañana. Como no tenía el cuerpo para dobletes no había lugar a dudas, este año de cabeza al monte.

La expectación era doble: no sólo me estrenaría en esta carrera sino que me volvía a reencontrar con Bowman que venía de Valencia a pasar unos días. Durante el trayecto en coche hasta Eumenatura me pareció como si hubiese vuelto meses atrás y David siguiese aquí. Íbamos hablando de nuestras tonterías como tantas otras veces. Espero seguir sintiendo lo mismo cada vez que nos veamos, que todo sigue igual pese a la distancia. Se le echa de mucho de menos.

Aparcamos al fondo del gran parking habilitado y nos preparamos. Esta vez no nos pilló el toro pero el calentamiento fue escaso. Hay cosas que con Bowman nunca cambiarán… 🙂 Pasamos el control de chip y como me siento con fuerzas le digo a mi compi que me voy para delante con la intención de salir a buen ritmo desde el principio. Él, más cauto, permanece en la cola del pelotón. Un dron sobrevuela nuestras cabezas antes de que se de la salida en forma de cuenta atrás gritada por tod@s ¡Vámonoooos!

Primeros metros por pistas bastante anchas que permitían avanzar/perder posiciones. Me tocó un poco de todo pero conseguí una ventaja suficiente como para no ser víctima de los tapones que después supe que se formaron en la parte trasera, y es que rozábamos los trescientos participantes en el corto. Pensaba que la primera mitad de carrera sería jauja pero pronto me vi andando una cuesta durilla que me frenó en seco. Al terminar sí empezamos terreno favorable que nos acompañaría los siguientes kilómetros.

Cuantos más tramos recorría más me gustaba el trail por la variedad de terrenos. Poco tardé en llegar a la parte de la larga bajada. Una bajada eterna en zigzag que disfruté como un chavalín. El camino era superestrecho y por él había que sortear alguna roca o tronco colocados en el peor lugar posible. Cada vez que frenaba para hacer un cambio brusco de dirección echaba un vistazo hacía abajo para ver dónde acababa el descenso pero parecía no tener fin. Cuando llegué abajo a la central me dio una pena enorme pero no sé qué me da en el cuerpo que no será la última vez que disfrute de aquella maravilla. Un poquito después veo que está el primer avituallamiento (Parrote) en el que no paro pues el chaleco que llevo me está haciendo el servicio a la perfección.

Llegando al kilómetro 8 vamos corriendo por el margen izquierdo del Eume, zona con bastante piedra que obliga a estar atento en todo momento. Me frustro un poco porque me gustaría observar más lo que tengo alrededor. Intento hacerlo sin bajar mucho el ritmo y continúo. Dos kilómetros más adelante me empieza a sonar la zona… estamos llegando al Monasterio de Caaveiro y corro unos metros por el mismo camino que en el trail de noviembre pero en sentido inverso ¡Cómo lucía el mosteiro con el espléndido sol de junio! Le digo por lo bajini un “hasta pronto” y afronto una pequeña bajada antes de volver a la orilla del río. En el 11 y medio atravieso uno de los puentes que cruza el Eume. La zona es preciosa por lo virgen que es. No me puedo creer que nos hayan metido por allí. Fabuloso.

En el kilómetro 12 llego al puente colgante por el que hay que pasar andando. Noto su fragilidad cuando empieza a cruzarlo otro corredor que llevo detrás y que lo hace moverse aún más. Justo después el segundo avituallamiento, en el que relleno el bidón con isotónico y como melón y plátano a discreción. Respiro hondo porque sé que a partir de ahora es todo para arriba hasta el final. No me preocupa, incluso estoy nervioso porque soy consciente que es donde puedo ganar alguna posición aunque sólo sea por orgullo propio.

Magnífica primera parte de la subida al lado del regato de Cal de Viñas. Algunas zonas por las que pasamos y pisamos están encharcadas de agua, con la sensación de frescor que ello conlleva. Y es que, con el día caluroso que estaba haciendo, esos pequeños detalles son muy de agradecer. Luego un sube, sube, sube hasta el kilómetro 15 donde soltamos un poco las piernas en una pequeña bajada hasta el regato de Estrille, zona boscosa en la que hay agazapado algún fotógrafo que nos pilla ‘in fraganti’. Unos gaiteiros animan en la última parte antes de afrontar la subida final.

Ya sin la protección de los árboles sufro en la definitiva cuesta antes de volver al asfalto y recorrer los pocos metros antes de encarar la recta de meta. Mirada al cielo, levanto los índices “Esta va por ti, padrino”. Antes de que me pueda dejar llevar por la emoción Jabalí DoSacho, el speaker, me coge por banda y me hace un par de preguntas. Tras eso acudo a beber un poco y a esperar por Bowman. Mientras tanto estiro cuanto puedo y una vez juntos vamos a asearnos en unas duchas al aire libre que nos sentaron de lujo. Todos guapos nos dirigimos a la carpa donde degustaremos una riquísima paella.

De vuelta en casa, aún tengo presentes muchas de las zonas que recorrí en este fabuloso trail das Fragas organizado de lujo y sin ningún pero. Dar las gracias a todas cuantas personas lo hacen posible. Por muchas ediciones más.

Pequeña parada hasta el nocturno de Boborás. Con ganas enormes de ponerme el frontal…


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