Diario de Carrera #44 – Trail Galaica Nocturno Boborás

Entrada #44

Trail Galaica Nocturno Boborás

(A. Javier “Safobo”)

Me marché de casa después de comer con todo el escepticismo del mundo. Había estado todo el día pendiente de internet por si cancelaban la prueba debido al mal tiempo pero no encontré ninguna noticia al respecto. Aún así la gran tromba de agua que caía sobre Coruña justo antes de salir no hacía presagiar nada bueno. A pesar de ello puse rumbo a Boborás.

Por el camino se fue tranquilizando la cosa y recé porque siguiese mejorando con el paso de los kilómetros. Tras una parada exprés en O Carballiño, donde me hospedaba esa noche, marqué en el GPS el destino final. Cuando el cacharro pitó conforme ya había llegado no divisé ninguna instalación deportiva. En una primera pasada vi el colegio pero pasé de largo, sin reparar en una carreterita que había en un lateral (que luego supe que me llevaría hasta el campo de fútbol) y me adentré en el pequeño pueblo. Como no tenía ganas de dar vueltas buscando por mi cuenta aparqué el coche y asomé los morros dentro del ayuntamiento, que estaba abierto. No vi a nadie ni se escuchaba el más mínimo ruido. -”¡¿BUENAS!?”- le grito a las escaleras. -”¡Arriba!”- se oye una voz que proviene de alguna de las plantas superiores. Voy subiendo hasta que llego al despacho de la alcaldesa que me recibe con una grata sonrisa. Tras saludarla le pregunto si puede darme alguna indicación y pronto me explica que debí coger aquella carreterita que obvié porque es la que daba al pabellón. Le doy las gracias y ella se despide sin dejar de teclear en el ordenador lo que me dijo era la nota de prensa con motivo del evento deportivo que nos había llevado hasta esa localidad. Cuidando los detalles.

Sigo sus instrucciones y en un periquete llego a la zona del campo de fútbol, encharcado por todo el agua que había caído. Veo que ya están los dos autobuses preparados y hay bastante movimiento. Aparco en la zona de arriba y bajo andando hasta el pabellón a recoger el dorsal. Dentro veo que están ultimando detalles (cronometraje, sonido, arco de meta…) pues es la zona de llegada del trail. Con todo lo necesario regreso al coche y me preparo. Cuando estoy a punto voy hasta los autobuses y me meto en el segundo, en el que ocupo el último asiento libre que queda. Saludo a los corredores que llevo al lado y al poco salimos con dirección a Pazos de Arenteiro, minúscula aldea conocida por su buen vino. Una vez abajo, al lado del río Avia observo unas señales con indicaciones de distintas rutas de senderismo. Veo que la belleza de la zona se presta sin duda a las mismas.

Nos dirigen hasta la zona de salida, situada a unos metros de allí, e indican que hay que esperar por la gente del último bus. Como aún dispongo de casi más de media hora me dedico a hacer un reconocimiento a la primera parte del recorrido y al mismo tiempo aprovecho para calentar. Todavía hay luz pero poco a poco y con el paso de los minutos el cielo va oscureciendo más y más. El speaker ameniza la espera entrevistando a l@s corredor@s.

Un poco después de la hora oficial y ya con los frontales encendidos, se produce el corte de la cinta por parte de la alcaldesa (que se había desplazado hasta allí para hacer los honores) y se da la salida. Los primeros metros los hacemos por una senda en paralelo al río Arenteiro y tras cruzar un pequeño puente nos dirigimos hacia la iglesia de San Salvador. Zona de hormigón en subida bastante empinada que ya nos advierte lo que va a ser la tónica habitual de este trail: todo para arriba. Pasamos por delante de algunas casas y los turistas de un restaurante se asombran al vernos pasar. Los lugareños animan.

Antes de llegar al kilómetro 1,5 entramos en materia y pasamos a terreno blando. Vamos todos muy juntos aún y si miro atrás puedo observar una hilera de luces desplazándose en la misma dirección. Es una de tantas cosas que me flipa de los nocturnos… parecemos luciérnagas en movimiento. Y no paramos de subir hasta que en el 4 llegamos a otro pequeño núcleo de casas: Laxas. El tramo por asfalto no sirve para recuperar del todo porque el ritmo de carrera es alto.

Pasado el 6 y medio, tras el primer avituallamiento, llegamos hasta la iglesia de San Martiño de Cameixa. No voy cómodo y es que la niebla que hay en algunos tramos, y que actúa en mi frontal igual que en los faros de los coches cuando vamos por carretera, no me permite ver bien por dónde voy ni piso, con el extra de concentración y esfuerzo que ello supone. Está siendo una experiencia totalmente distinta a la vivida en Quiroga en julio del año pasado, y eso me encanta.

Poco a poco nos vamos separando, aunque por suerte no consigo quedarme totalmente solo. Lo que agradezco porque dada la escasa visibilidad se agradece llevar referencias. Un poco más adelante sí ocurre. Sin nadie delante miro atrás y la luz del dorsal me enseña que nadie me sigue. Oigo el canto de los grillos, las gotas que caen en el suelo del agua acumulada en las hojas de los árboles y algún ladrido de perros en la distancia, el resto es oscuridad… ¡qué sensación!

Al final de una subida y antes de entrar en una parte un poco más llevadera noto que se me acerca alguien por detrás, la luz de un frontal que no es el mío así me lo confirma. Pero noto que con el ritmo que llevo mi perseguidor no es capaz de adelantarme por lo que sigo con mi música, marcando mi velocidad. Y así transcurren unos pocos kilómetros.

Pasado el 11 por fin, el corredor que me seguía me da caza. Se trata de un miembro de la A.D. Media Ducia (los organizadores del Carballo Trail Race, entre otros), con el que comparto unas palabras. Me confiesa que había venido “a rueda” un buen rato y le animo a que se escape delante pero a esas alturas nadie va sobrado de fuerzas y continuamos a la par. A mí me da la vida y me acuerdo de Diego chuvoner, con el que había vivido una situación similar en la Ermida meses atrás. Juntos afrontamos la bajada más técnica y con más desnivel del recorrido e inmediatamente después nos adentramos en un angosto tramo en paralelo al río Viñao. Mi compañero va ahora delante, marcando el camino. Sorteamos una zona de troncos y raíces con alguna mini rampa mal intencionada. En una de esas veo cómo en un mal gesto se tuerce el tobillo y cae al suelo. No puede reprimir un grito de dolor que me angustia sobremanera. Todos sabemos hasta qué punto se sufre al tener un percance así. Me paro con él pero en pocos segundos intenta caminar. Vuelve a gritar de dolor y no encuentro las palabras para consolarle pero permanezco a su lado. Una chica llega hasta nosotros y pregunta. Le digo que no se preocupe, que siga. El mediaducio mientras tanto se reincorpora y trata de reanudar la marcha no sin dificultad. Voy con él unos metros y cuando se da cuenta que será capaz por lo menos de seguir hasta meta (faltan aproximadamente 3kms) me insta a que no le espere y continúe. Así hago, no sin antes animarle: “¡Te veo ahora dorsal Nº140!”.

La situación me deja mal cuerpo y no puedo alejar de la cabeza la imagen del chico torciéndose el tobillo. Apuro el paso para cansarme más y no pensar, llegando hasta la posición de la chica que nos había pasado cuando estábamos parados. Justito de fuerzas decido ir a su ritmo. Se trata de Manuela Torres del CDM Xesteiras (quienes organizan el Trail Vila de Cuntis el próximo finde). La pequeña conversación que mantenemos sirve para hacer los últimos dos kilómetros mucho más llevaderos. Sin darme cuenta llegamos al pabellón, cedo un par de metros para que entre sola pero me dice de entrar juntos. Cogidos de la mano levantamos los brazos triunfantes. Otro trail más a la buchaca. Le doy la enhorabuena a mi compañera en ese tramo final y me voy directo al avituallamiento.

Una vez rehidratado y con un par de piezas de fruta en el estómago me retiro a una esquina a estirar sin desviar la mirada del arco de meta, esperando a que llegue ese dorsal n.º 140: Techo del Media Ducia. Cuando así lo hace me intereso por él y le animo. Espero que no haya sido mucho y se recupere lo más rápido posible. Ojalá volvamos a coincidir en otro más temprano que tarde.

Siendo consciente que son más de las doce y media de la noche y por la mañana los Chuvoners y Redondela me esperan me retiro para darme una buena ducha y descansar en el hotel. ¡¡Hasta otra Boborás!!


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