Diario de Carrera #45 – Trail GMTA Río da Fraga

Entrada #45

Trail GMTA Río da Fraga – Moaña

(A. Javier “Safobo”)

Es increíble la de cosas que pasan en menos de año y medio… El febrero pasado conocí a Silvia en el mismo pabellón en el que este pasado domingo salimos juntos a disputar una nueva edición del GMTA Río da Fraga. Esta vez no estaría presente Bowman con sus gritos de “Felipe, ¡¡Felipe!!” pero le tuve muy presente.

Para no perder la costumbre de llegar a los sitios sin apenas tiempo para calentar lo hice faltando menos de 20 minutos. Tuve suerte y aparqué en un huequito libre en la misma avda. da Xunqueira, muy cerca de las instalaciones deportivas. Poco me costó encontrar a los Chuvoners que ya habían recogido los dorsales (el mío incluido) y esperaban por los dos que faltaban, Iñaki y Raquel. Enseguida aparecieron también.

Lo que restó hasta que se dio la salida lo ocupé realizando un par de sprints y ayudando a Raquel a colocar el revoltoso tubo del agua del chaleco que llevaba. Sin apenas darnos cuenta empezamos y recorremos los primeros metros por asfalto previos a meternos en la playa. Me peleo con la arena blanda antes de encontrar la línea más transitable posible. Atrás dejo a la pareja asturiana y unos metros delante llevo a “Oner“. 

Esta parte inicial es idéntica a la de la pasada edición y algún recuerdo se me viene a la mente. Ya en suelo duro alcanzo a Silvi y comparto unas palabras con ella. Me flipo un poco y la adelanto pero poco tarda en ponerme en mi sitio. Una vez me pasa, intento seguirla. En alguna subida me quedo asombrado viendo cómo su zancada es más amplia que la mía a pesar de la longitud de sus piernas comparadas a las mías. Es una crack. Poco a poco la voy viendo alejarse y, aunque en una zona de pista rápida vuelvo a acercarme, termino por perderla de vista.

A partir de ahí me marco mi ritmo en un divertido tramo de sube-baja hasta que a los pocos kilómetros me adelanta Patricia Ogando, quien a la postre quedaría 3ª en la general femenina. Había coincidido con ella sin conocerla pocas semanas atrás en el trail das Fragas do Eume y pude comprobar que es capaz de mantener un ritmo muy bueno y sobretodo constante. Me enganché a ella hasta el primer avituallamiento (líquido) del km 7,5 pero, una vez superado este, a medida que íbamos subiendo por el estrechito y frondoso sendero paralelo al riachuelo me iba ganando metros.

A pesar de no ser capaz de seguir la estela de la viguesa sí pude tenerla a ella y a un grupo de 4 hombres que llevaba detrás suya de referencia, hasta la zona de los cortafuegos… Kilómetro 10, noto que algo no va bien y antes de alcanzar el 12 sufro la inesperada visita del tío del mazo. Nunca había experimentado un pajarote así. De repente me noto vacío. La sesión matinal de kayak y la vespertina de bici del día anterior sumado con aquellas cuestas exigentes fueron una combinación explosiva. Sin fuerzas para apenas caminar por las empinadas subidas y un agujero en el estómago que no me permitía pensar en otra cosa más que en comer, me dije a mí mismo que fuera como fuese había que llegar a la “meta”, que no era otra que el segundo avituallamiento. A partir de ahí ya vería cómo me planteaba los kilómetros que restaban.

Fundidito llegué, pasado el km 13 y habiendo dejado atrás la zona de las antenas, a la arboleda en la que nos esperaba una chica y un chico de la organización que, al ritmo de la música pachanguera que salía de un altavoz, nos ofrecían todo tipo de comida y bebida. Lo primero que hice fue sacar del bolsillo mi paquete de sales y meterme la pastilla para dentro con unos buenos tragos de isotónico. Después, con la pausa que sabía que requería la situación me dediqué a comer y beber de a pocos. De nada serviría retomar la marcha rápidamente por lo que con calma y sin desesperarme me iba recuperando mientras corredores y corredoras pasaban ante mis ojos. Me acordé de Raquel e Iñaki y a pesar de ir notándome mejor demoré un poco más mi partida esperándolos pero con el paso de los minutos y al no verlos llegar decidí reemprender la marcha.

Los primeros minutos tras la larga parada fueron horribles por la sensación que me producía el sudor frío. Estaba destemplado y había que volver a funcionar. Liberé líquidos innecesarios tras un arbusto y me preparé para el descenso con mejores sensaciones aunque evidentemente tocado. Desde luego fue una gran ayuda pero tampoco milagrosa. Si dosificaba seguro que conseguiría llegar al final sin mayores complicaciones. Es curioso cómo a veces una sola prueba puede albergar distintas carreras. Hasta que me dio el bajón llevaba un planteamiento concreto, después tomé otro totalmente distinto. Uno era una competición contra el crono y contra mí mismo, el segundo fue de pura supervivencia.

Este segundo stint de la carrera, a pesar de ser en su mayor parte descenso, se me hizo largo por las ganas de querer terminar y más que se hizo al final por lo que creo fue un error de marcaje que nos hizo recorrer mayor distancia de la prevista (me salieron 23,10 aunque luego sabría que Raquel paró el reloj en 26km). Eso sí, en el último tramo, llano y rápido, pude permitirme el lujo de correr por debajo de 5′ el km y maquillar mínimamente lo que había pasado.

Ya en meta me esperan Silvia y Martín. Un abrazo que le doy a él cuando me entero que ha hecho podio. Quisiera estar con ellos de parloteo pero me retiro a una esquina a hacer unos necesarios y extensos ejercicios de estiramientos. Al finalizar voy a pegarme un duchazo y los tres esperamos por nuestra pareja asturiana que se hacen de rogar pero aparecen con el reflejo en sus caras de lo que ha sido un duro trail. El premio a tanto esfuerzo nos lo daremos en la comida, no sin antes pasar por el podio a recoger unos cuantos trofeos, incluido el de primeros en equipos. Estar sentado en el cajón junto a los ‘pros’ me hace sentir fuera de lugar pero Martín se empeña en hacerme partícipe de aquel bonito momento. No hay palabras para agradecerles a estos chicos lo que le hacen sentir a uno. No tendré ningún tatuaje aún en las piernas pero sí llevo grabado en ellas todos los kilómetros de felicidad recorridos junto a ellos.

Orgulloso de Martins por ese segundo puesto que no es más que el merecido fruto del esfuerzo y la dedicación; orgulloso de Silvia, que nunca se cansa de estar ahí demostrando que la victoria es lo de menos, lo importante son los valores que transmite; orgulloso de Iñaki, por no dejar a su compañera sola en ningún momento y mantener sus cintillas a raya; y superorgulloso de Raquel, esa judoka con vena trailera competitiva que se marcó 26 kilometrazos y que, pese a ello, me despidió con la más grande de las sonrisas cuando puse rumbo a Coruña. Orgulloso de vosotr@s, orgulloso de ser chuvoner.


Comments

comments